He caminado sobre el agua, he sentido la brisa acariciar mi piel, he subido a las mas altas montañas y he bajado hasta los mas profundos abismos, he sentido el mas desgarrador calor del día y la mas apabullante frialdad de la noche y aun no creo merecerme tan gratificante aroma, ni tan dulces melodías, como las que sin duda ofreces, tanto es así que mientras escribo, muchos alcanzaron tu meta, algunos creyeron conseguirla, unos cuantos desearon tenerla, y unos pocos desearon desearla, pero yo, humilde y ciego servidor, no soy ni mas ni menos que el súbdito de tu dulce canto, y a su cesar espero, para saber que el momento a llegado, para saber que sin mas se ha terminado, para saber que ya no hay mas que una palabra, un suspiro y un dulce, dulce aroma.
Ramon Gallego
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