Dos tazas de café, una foto de carné.
Y le das vueltas. Todo el día. Le tienes durante todo el día encajado entre tus pensamientos. Aparece en cuanto cierras los ojos y te abandona en cuanto consigues abrirlos. ¿Pero sabes qué? Que no puedo abandonarte porque ni siquiera estoy contigo. Lo único que conservo de ti es el recuerdo de tus labios deslizándose por mi piel y una sonrisa que compartes con sólo tú sabes cuántas. Y no sé lo que duele más. Si la indiferencia que sentirás por mí, o la absoluta y efímera devoción que sentirás por dormitorios que no huelen a mí. Si las lágrimas que se me atragantan por orgullo o la necesidad de sentirte cerca, tan cerca como pude haber estado de ti.
Volvió. No para quedarse. No para susurrarme que solo me necesita a mí o para prometerme que nos queda una eternidad juntos. No. No es su estilo. Nunca lo ha sido. Volvió para recordarte lo infinitamente bien que encajan sus labios con los tuyos. Volvió para demostrarte que es capaz de hundir tus defensas con una infinidad de suspiros. Volvió porque quiso. No porque te quiera y tú tienes claro qué harás cuando le veas. Le dejarás claro quién es él y quién eres tú. Que no le necesitas. Que no le echas de menos. Pero entonces aparece, sonríe y tu mundo se desploma a sus pies.
Todos recordamos los cuentos de nuestra infancia, el zapato le cabe a cenicienta, la rana se convierte en príncipe, a la bella durmiente la despiertan con un beso... erase una vez y vivieron felices, la materia de la que están hechos los sueños.
El problema es que los cuentos no se hacen realidad, las otras historias, esas que comienzan en noches oscuras y tormentosas y tienen un final atroz, son las que parecen convertirse en realidad.
A quien inventó eso de... y vivieron felices, habría que darle una paliza.
La realidad es más interesante que un, felices para siempre...Te quiero, ¿lo entiendes? Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero. Podría repetirlo hasta que mis labios se sequen y las palabras dejen de tener sentido. Podría escribírtelo en francés o en chino, al revés, con letras rojas o con tinta invisible. Podría tatuármelo en la frente, para que lo vieras cada vez que me miraras. Podría hacer que un avión lo escribiese en el cielo, como en las películas, o que apareciese en el marcador, en el medio de un partido. Pero no me gustan los aviones, ni los partidos, ni se hablar chino ni francés, me dan miedo las agujas y nunca supe encontrar tinta invisible.
Solo me queda decírtelo.
¿Qué precio deberíamos pagar por la felicidad completa?
la respuesta está en que pedimos siempre demasiado y las cosas más insignificantes son las que hacen que sonriamos sin pensarlo, una sonrisa verdadera, no como la de las fotografías, que son momentos plasmados para la eternidad pero con sonrisas falsas.
Siempre, continuamente no me hago más que la misma pregunta ¿por qué yo? ¿Por qué a mí? ¿Egoísta? No lo creo.
A menudo en la vida preferimos no haber nacido y, aunque yo ahora mismo estoy en esa época, pienso... levanta la cabeza, lucha por lo que quieres y vuelve a empezar Lorena, no desistas, la felicidad está donde menos te lo esperas.
Sécate las lágrimas, hoy es tu día, disfruta la vida, que a pesar de todo, dicen que es maravillosa. Si la vida fuera un juego, yo sería hundir la flota.
Tocado y hundido.
Esta preciosa entrada no es obra mía sino de una amiga
por peticion suya la he publicado en este blog
le haré saber cualquier comentario que publiquéis sobre la entrada.
Te dedico esta frase bixo:
"Siempre me siento feliz , ¿sabes por qué? por que yo no espero nada de nadie , las espectativas siempre duelen. La vida es corta,así que sé feliz y antes de hablar escucha.Antes de escribir, piensa .Antes de hacer daño, siente.Antes de odiar, ama.Antes de abandonar, inténtalo.ANTES DE MORIR, VIVE"
-Wiliam seakspare

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